
Hay días en los que invento cualquier pretexto para mirar a los ojos de la gente que voy encontrando. Es una difícil tarea: es lo último que la gente se deja mirar.
Sin embargo, tras varios años de entrenamiento me he dado cuenta de que si permanezco quieta, intensamente quieta durante unos instantes, giran la cabeza irremediablemente, como si un resorte los empujara a hacerlo. Entonces se produce ese momento de intimidad.
"A veces, me espeluzna ver la escasa cantidad de personas que conserva algún rastro de ilusión y poesía. En muchos ojos, se ha difuminado ese impulso, son miradas mecánicas, desprovistas de sorpresa, de aventura."

2 comentarios:
Vaya, gracias :)
Como no se en que blog comentarte nunca, alterno un poco en cada uno :P
Esto me ha gustado.
Mucho.
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